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TÍTULO PRIMERO, CAPÍTULO I.
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TÍTULO PRIMERO, CAPÍTULO II, Sección Primera.
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TÍTULO PRIMERO, CAPÍTULO II, Sección Primera
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TÍTULO PRIMERO, CAPÍTULO III
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TÍTULO PRIMERO, CAPÍTULO IV
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Sentencia TC 55/1987, de 13 de mayo I. Antecedentes 1.
El día 28 de julio de 1984, don Fructuoso Soto Piedrafita, que conducía
un automóvil «Ford» Fiesta, matrícula LE-3969-K,
colisionó con una máquina de la Red Nacional de los Ferrocarriles
Españoles, conducida por don Jesús Rodríguez Dávila
que circulaba desde la localidad de Toral de los Vados al apeadero denominado
Cosmos, cuando ésta rebasaba un paso a nivel sin barreras, sobre
la vía férrea, que existe a poco más de un kilómetro
de Toral de los Vados, saliendo el turismo del lado izquierdo, colisionando
contra el tope delantero izquierdo la parte derecha delantera del turismo.
Como consecuencia de estos hechos sufrió lesiones el conductor del
turismo, que tardó en curar trece meses y diecinueve días,
durante los cuales necesitó asistencia facultativa quedándole
determinadas secuelas. El automóvil experimentó daños
valorados en 501.089 pesetas y la máquina de RENFE daños
valorados en 5.212 pesetas. Los daños anteriormente reseñados
dieron lugar a un juicio de faltas sustanciado en el Juzgado de Distrito
de Villafranca del Bierzo, en el cual el Ministerio Fiscal solicitó
la condena de Jesús Rodríguez Dávila, petición
con la que mostró su conformidad Fructuoso Soto Piedrafita. Jesús
Rodríguez Dávila y la representación de RENFE solicitaron
la absolución para el primero y la condena para Fructuoso Soto Piedrafita.
El Juzgado de Distrito de Villafranca del Bierzo dictó Sentencia
en 23 de noviembre de 1985, en la que absolvió libremente tanto
a Jesús Rodríguez Dávila como a Mariano Villarroya
Civera y a Emilio Alvarez Vidal y condenó como autor de la falta
prevista en el art. 600 del Código Penal a Fructuoso Soto Piedrafita
a la pena de 7.000 pesetas de multa, a pagar las costas del procedimiento
y a indemnizar a RENFE en la cantidad de 5.212 pesetas. Fundó su
Sentencia el Juzgado de Distrito en la obligación que existe en
los pasos a nivel sin barreras de franquearlos con gran precaución,
lo que no hizo el conductor del turismo, que prescindió de la precaución
y cautela exigibles que de haber empleado hubiera evitado la colisión. Frente
a tal Sentencia interpuso recurso de apelación el mentado Fructuoso
Soto Piedrafita y sustanciado el recurso el Juzgado de Instrucción
dictó Sentencia en 28 de febrero de 1986. En ella se aceptan los
resultandos de la Sentencia apelada y, en particular, el de hechos probados. Como
fundamentos de Derecho, consigna el Juzgado de Instrucción el siguiente: Los
hechos declarados probados, en la presente resolución, son constitutivos
de una falta de imprudencia simple sin infracción de reglamentos,
cometida por Jesús Rodríguez Dávila, en concepto de
conductor, ya que con su conducta, que evidentemente no fue maliciosa,
dio lugar de manera imprudente a que se causaran unas lesiones en la persona
de Fructuoso Soto Piadrafita cuando aquél conducía la máquina
de RENFE núm. 7.728, estando prevista tal falta en el art. 586.3
del Código Penal. En
virtud de todo ello el Juzgado de Instrucción núm. 2 de Ponferrada
revocó la Sentencia del Juzgado de Distrito y condenó a Jesús
Rodríguez Dávila a una pena de multa de 2.000 pesetas y a
reprensión privada, al pago de las costas y a indemnizar a Fructuoso
en 501.089 pesetas por los daños materiales causados, 828.000 pesetas
por las lesiones sufridas y 3.000.000 de pesetas por las secuelas, declarando
la responsabilidad civil subsidiaria de la Red Nacional de los Ferrocarriles
Españoles. La
demanda de amparo se funda en que al revocar esta Sentencia el Juzgado
de Instrucción núm. 2 de Ponferrada debió razonar
la modificación de la Sentencia, ya que en caso contrario, como
ha ocurrido en las presentes actuaciones, se infringen los preceptos de
la Constitución que se denuncian y que suponen la privación
al recurrente de la tutela jurídica que deben otorgarle los Tribunales
y, consecuentemente el principio de igualdad ante la Ley. Para
el Juzgado de Instrucción núm. 2 de Ponferrada el autor de
la falta de imprudencia simple es el demandante de amparo. La justicia
o injusticia de este fallo no puede dilucidarse ante el Tribunal Constitucional,
de acuerdo con las normas que regulan el recurso de amparo, y por lo tanto
no se pretende atacar esta presunta injusticia. Lo que sí se solicita
es, evidentemente, el amparo de este Tribunal por entender que la Sentencia
del Juzgado de Instrucción de Ponferrada no se ajusta a los preceptos
constitucionales antes mencionados. Y
llegados a este punto, afirma el recurrente que dicha violación,
exigible para que se dé lugar al amparo constitucional, se ha producido.
En efecto, la carencia de razonamientos en la Sentencia del Juzgado de
Instrucción núm. 2 de Ponferrada, en abierta oposición
a claridad y contundencia de los expuestos en la Sentencia del Juzgado
de Distrito de Villafranca del Bierzo, infringe abiertamente los arts.
14, 24.1 de la Constitución, en relación con el art. 120.3
del propio Texto legal, precepto éste último que es la base
y razón de los que regulan la forma de dictar Sentencias, recogida
tanto en la Ley Orgánica del Poder Judicial, como en la Ley de Enjuiciamiento
Civil. Para
el solicitante del amparo queda evidenciado que la Sentencia dictada por
el Juzgado de Instrucción núm. 2 de Ponferrada ha revocado
la del Juzgado de Distrito de Villafranca del Bierzo, vulnerando los preceptos
constitucionales citados. En
tal sentido, debemos citar como aplicable, en ciertos aspectos, al recurso
de amparo que hoy se formula, la Sentencia del Tribunal Constitucional
núm. 138/1985, de 18 de octubre de 1985, en el recurso de amparo
núm. 347/1984. Dicha Sentencia estima, en parte, el recurso de amparo
promovido por el actor y reconoce el derecho fundamental del mismo a obtener
una resolución motivada y fundada en Derecho. Las
Sentencias dictadas por este Alto Tribunal, según el recurrente
en amparo, son ya muy abundantes, claras y precisas en cuanto a la interpretación
de la presunta violación del derecho recogido en el núm.
1 del art. 24 de la Constitución. Cita especialmente la Sentencia
de 21 de enero de 1986, estimatoria del amparo concedido. II. Fundamentos jurídicos
1.
Es jurisprudencia reiterada la de este Tribunal la de que la tutela judicial
efectiva, que reconoce y consagra el art. 24 de la Constitución
se satisface primordialmente mediante una Sentencia de fondo, que resuelva
las pretensiones controvertidas y que se encuentre jurídicamente
fundada, lo que es aplicable, en línea de principio, tanto a la
primera instancia de un proceso como a la segunda cuando ésta exista.
Los términos en que se encuentra concebido el art. 24 de la Constitución
han de entenderse integrados, en este sentido, con lo que dispone el art.
120 de la propia Constitución que exige la motivación de
las Sentencias. El problema planteado en este recurso, que hay, por consiguiente
que resolver, reside en determinar cuándo puede considerarse que
una Sentencia se encuentra motivada suficientemente para entender cumplido
y satisfecho el derecho fundamental que la Constitución establece.
Es perfectamente claro, y ha sido reiterado en multitud de ocasiones por
este Tribunal, que la exigencia constitucional deducida de la conexión
del art. 24 y el 120 no significa, como es lógico, el triunfo de
las pretensiones o de las razones de quien solicita el amparo. Tampoco
es precisa la interna corrección desde el punto de vista jurídico,
de la fundamentación de la Sentencia, pues ello convertiría
a este Tribunal en una especial forma de casación del ajuste de
las Sentencias con la legalidad, lo que está notoriamente fuera
de su jurisdicción. Asimismo es cierto que la citada conexión
entre los arts. 24 y 120 no impone una especial economía en el desarrollo
de los razonamientos y que una motivación escueta y concisa, no
deja, por ello, de ser tal motivación, sin que al Tribunal, por
las mismas razones antes dichas, le sea permitido enjuiciarla. La
exigencia de motivación de las Sentencias judiciales se relaciona
de una manera directa con el principio del Estado Democrático de
Derecho (art. 1 de la Constitución Española) y con una concepción
de la legitimidad de la función jurisdiccional, apoyada esencialmente
en el carácter vinculante que tiene para ésta la Ley (art.
117.1 de la Constitución). Precisamente de ello se deduce la función
que debe cumplir la motivación de las Sentencias y consecuentemente,
el criterio mediante el cual se debe llevar a cabo la verificación
de tal exigencia constitucional. La Constitución requiere que el
Juez motive sus Sentencias, ante todo, para permitir el control de la actividad
jurisdiccional. Los fundamentos de la Sentencia se deben dirigir, también,
a lograr el convencimiento, no sólo del acusado, sino también
de las otras partes del proceso, respecto de la corrección y justicia
de la decisión judicial sobre los derechos de un ciudadano. En este
sentido deben mostrar el esfuerzo del Tribunal por lograr una aplicación
del Derecho vigente libre de toda arbitrariedad. Por otra parte, la motivación
de la Sentencia es una exigencia sin la cual -como es generalmente reconocido-
se privaría, en la práctica, a la parte afectada por aquélla
del ejercicio efectivo de los recursos que le pueda otorgar el ordenamiento
jurídico. Sólo si la Sentencia está motivada es posible
a los Tribunales que deban entender en el trámite de algún
recurso, controlar la correcta aplicación del Derecho y al Tribunal
Constitucional, en el caso del recurso de amparo por la vía del
art. 24.1 de la Constitución, si el Tribunal de la causa ejerció
la potestad jurisdiccional «sometido únicamente al imperio
de la Ley», de la forma en que lo establece el art. 117.1 de la Constitución.
Una verificación de esta naturaleza sólo es posible si la
Sentencia hace referencia a la manera en que debe inferirse de la Ley la
resolución judicial y expone las consideraciones que fundamentan
la subsunción del hecho bajo las disposiciones legales que aplica.
De otra manera, la Sentencia no podría operar sobre el convencimiento
de las partes ni de los ciudadanos, ni podría permitir el control
correspondiente a los Tribunales que todavía pudieran intervenir
por la vía de los recursos previstos en las Leyes. 2.
En el caso presente, el problema que se ha enunciado más arriba,
se plantea en unos términos sumamente especiales. Aunque se la pueda
tildar de lacónica, como el Ministerio Fiscal hace, en el caso que
se debate, la fundamentación jurídica o motivación
existe. El Juzgado de Instrucción de Ponferrada establece los criterios
generales del proceso de subsunción de los hechos que juzga y las
normas que considera aplicables al caso. Concretamente los califica como
constitutivos de falta de imprudencia simple sin infracción de reglamentos,
señala el precepto del Código Penal en el que esta calificación
se puede encontrar comprendida y esboza la razón de la calificación:
porque el comportamiento del condenado, no malicioso pero imprudente, determinó
unas lesiones. Para
entender si con tan somera calificación se puede considerar cumplida
la exigencia constitucional y satisfacer el derecho del ciudadano que la
Constitución consagra, se hace preciso profundizar más en
las razones de la norma constitucional y en las finalidades perseguidas
por el constituyente al establecer la norma que aquí analizamos.
Estas razones se pueden resumir del siguiente modo. Al establecer el requisito
de la motivación de las Sentencias se constitucionaliza en nuestro
Derecho algo que venía en él siendo tradicionalmente exigido
a partir de la recepción en el Derecho procesal de las exigencias
de los Estados liberales. Se trata, sobre todo, de que el proceso de aplicación
del Derecho no permanezca en el secreto o en el anonimato, sino que quede
explicitado y reciba la necesaria y suficiente publicidad, pero significa,
además, que el ciudadano tiene derecho a conocer, en el caso concreto
del proceso penal, las razones por las que resulta condenado o, a la inversa,
absuelto, lo cual exige, por lo menos, en algunos casos, ir más
allá de lo que es una simple y escueta calificación o encaje
de los hechos declarados probados en una norma jurídica, puesto
que con ello las razones de la decisión pueden mantenerse todavía
como desconocidas. En casos como el presente se hace manifiesto que la
explicitación del proceso lógico y mental que ha conducido
a la decisión no ha alcanzado un grado suficiente de expresión,
Y ello es así por dos tipos de razones. La primera de ellas proviene
de la propia naturaleza de las disposiciones legales que definen los delitos
o faltas imprudentes. En la actualidad ya no caben dudas respecto del carácter
«abierto» de los tipos que describen estos hechos punibles,
toda vez que la infracción del deber de cuidado que los caracteriza
sólo puede definirse -a los efectos de la subsunción- cuando
el Tribunal tiene conocimiento de todas las circunstancias del hecho. Tal
definición no puede practicarla, como es claro, el legislador, quien
únicamente podrá dar pautas orientadoras genéricas,
demasiado amplias a los efectos de la subsunción, inclusive cuando
establece reglamentos específicos en ciertos ámbitos sociales
(por ejemplo el tráfico, la seguridad en el trabajo, etc.). Asimismo,
es preciso que se establezca motivadamente de qué manera la infracción
del deber de diligencia se conecta con el resultado producido. Sin llevar
a cabo fundadamente la concreción del deber de cuidado o de la diligencia
exigida y su vinculación con el resultado en el caso que es objeto
de juzgamiento, no cabe estimar que la Sentencia esté suficientemente
fundada, pues sin esta especificación no puede orientarse a convencer
a la opinión pública ni al acusado de su corrección
y justicia, de la misma manera que no podrá posibilitar plenamente
a otro Tribunal que, disponga de competencia para ello, el control de la
potestad jurisdiccional vinculada a la Ley y al Derecho. Hay,
además, una segunda razón para determinar la insuficiencia
de la fundamentación jurídica de la Sentencia que aquí
se enjuicia. Esta Sentencia según su propio tenor literal, revoca
la del Juzgado inferior, la deja sin efecto y la sustituye por la decisión
cabalmente contraria. El solicitante de este amparo, en la Sentencia del
Juzgado inferior, había sido absuelto. El Juzgado inferior había
llevado a cabo una calificación sobre la imprudencia de los protagonistas
del suceso. En estos términos, hay que concluir que el derecho fundamental
del ciudadano sólo se satisface al conocer las causas de revocación
de la Sentencia que le favorecía, pues sólo de ese modo puede
resultar conocedor de las razones de su propia condena. Uno y otro de los
interrogantes -por qué se revocó la Sentencia del Juzgado
que había decidido en primera instancia, por qué se calificaron
los hechos como imprudentes- quedan abiertos tras la Sentencia del Juzgado
de Instrucción, a la que, por estas razones hay que achacar una
fundamentación suficiente desde el punto de vista del derecho constitucional
de los ciudadanos, único que aquí nos corresponde decidir. Por
las razones expuestas, este Tribunal no puede suplir las deficiencias de
la Sentencia enjuiciada, ni puede dar al solicitante del amparo la respuesta
acerca de la razón de su condena a la que tiene legítimamente
y en virtud de los imperativos constitucionales, derecho, sino que debe
hacerlo el propio Juzgado que enjuició los hechos. FALLO
En atención a todo lo expuesto, el Tribunal Constitucional POR LA AUTORIDAD QUE LE CONFIERE LA CONSTITUCION DE LA NACION ESPAÑOLA, Ha decidido Otorgar el amparo solicitado
y, en consecuencia:
1.°
Reconocer a don Jesús Rodríguez Dávila el derecho
a una tutela judicial efectiva.
2.° Anular la Sentencia dictada por el Juzgado de Instrucción núm. 2 de Ponferrada con fecha 28 de febrero de 1986 en recurso de apelación núm. 27 de 1986, interpuesto contra la dictada por el Juzgado de Distrito de Villafranca del Bierzo el 23 de noviembre de 1985 en juicio de faltas, a fin de que por el referido Juzgado de Instrucción se dicte otra suficientemente fundada. |
Autor de la sección:
Fernando Rey